¿Hasta dónde es capaz de llegar el ingenio, cuando las circunstancias aprietan? ¿Cómo es posible que saquemos lo mejor de nosotros cuando peor se ponen las cosas?

Hoy, en las RRR, estrenamos blog. Y no lo estrenamos de cualquier forma, lo hacemos a lo grande: hablando sobre el lomo de orza, producto estrella de la empresa y abanderado de la gastronomía castellano-manchega. 

El ser humano es un animal curioso. Es el único ser que es capaz de adaptar el medio en que vive a sus circunstancias. Pero esto no ha sido siempre así: a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando las neveras no ocupaban plaza en el aparcamiento de nuestras cocinas, no había forma de conservar los alimentos de forma que pudiesen prolongar su buen estado durante mucho tiempo. Y esto se convierte en un verdadero problema cuando se dispone de un cerdo entero para uso y disfrute de las familias: fue aquí donde surgieron diversas formas de conservarlo, una vez despedazado. Desde el salazón hasta el ahumado. Desde la congelación hasta el consumo de algunas piezas, verdaderos manjares, durante el mismo día de la matanza. 

Pero sobre todo, surgió el método estrella, el que nos ocupa. El que confiere a la carne un sabor y textura propia de los mejores paladares: la orza. 

Vale, pero…¿en qué consiste exactamente la orza? De hecho, ¿qué es una orza? Si nos vamos a la RAE, «recipiente vidriado de barro, alto y sin asas, que suele usarse para guardar alimentos en conserva.» Y es que este método adquiere su nombre por la vasija donde, junto a su propia manteca, se conservaba la carne del cerdo tras un proceso de adobado con especias naturales como el clavo, el laurel y la pimienta. Todo en su justa medida. Para que no falte de nada. 

Pero nosotros también tenemos espíritu de mejora, también creemos que los procesos del pasado, tan ricos por su naturalidad, pueden adaptarse a las medidas del presente sin renunciar a la calidad, al sabor, a lo que forma parte de nuestra gastronomía. Por eso, los aceites que seleccionamos son los mejores y los procesos, lo más naturales posibles: porque no queremos sustituir el futuro, sino honrar a nuestros antepasados.